Catalina White

Luz, transparencia y anilinas

‘Luz, transparencia y anilinas’, apunto la frase en un cuaderno. ‘Acá me quiero quedar…’, pienso mientras sigo pintando. ‘¡Ésta soy!’, y me señalo dibujando. Dibujando, pintando. Dejar una marca, con el dedo.

El arte es señalar, supongo. Es la llave del cofre que abre la piedra.

Es importante trabajar una previa con la tela. Antes de pintar lo que se quiere señalar. ¿Cómo haces para hacer el amor sin antes darte unos besos? La tela blanca… te quiero conocer: aerosol, acrílico, tintas, gotas… de cloro, polvo de tiza pastel y el dedo. Lija de 200, de 300, de 1000. Lápices de colores, marcadores, grises grafito, espejo, reflejo. ‘Esto es muy hermoso’, me dice muchas veces. ‘¡Quiero quedarme acá!’.

Luz, transparencia y anilinas, porque todo tiene que ver con todo. Y el arte es eso, sospecho. Caminar y ver un arcoíris en el piso, con brillitos metalizados en un charco estancado sobre el asfalto. Inmediatamente empiezan a resonar las voces del universo infinito. Encontrar en el suelo una hebilla de pelo con forma de mariposa, pisada y sucia. Esa piedra en el río, en la arena del mar, señalo. Estar acostada en la cama y observar el teatro de luces que refleja la persiana del cuarto a la noche. Y esas imágenes tienen que ver con todo. Y que a pesar de todo, ese “todo” es lo que hay y en ese “lo que hay” está todo.

El arte es señalar.

Vuelvo a la pintura, nos encontramos en una charla esquizofrénica, pareciera. El color amarillo de cadmio dice ‘gracias’, y se ríe y me divierte verlo. Dice, ‘puedo ser lo que quieras que sea’. Y entro en acción.

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